| El
mensaje de salvación que Pablo llevó hace 2000 años
a Europa puede darnos una nueva esperanza para el futuro.
Cerca del año 50 d.C. empezó en Grecia una cruzada espiritual
que cambió dramáticamente el rumbo de la historia. El
apóstol Pablo arribó al continente europeo, armado con
el mensaje del evangelio dado por Jesucristo. Este proyecto era tan
importante en el propósito de Dios que él milagrosamente
llevó a Pablo a Europa para enseñar el mensaje de salvación,
empezando en la Grecia macedonia.
Lucas, compañero de
viaje de Pablo, explicó que la predicación del evangelio
había sido impedida en ciertas áreas de habla griega
en Asia Menor, hoy el occidente de Turquía (Hechos 16:6-8).
“Durante la noche Pablo tuvo una visión” escribe
Lucas. “en la que un hombre de Macedonia, puesto de pie, le
rogaba: ‘Pasa a Macedonia y ayúdanos’.”
(Hechos 16:9).
¿Qué enseñó
Pablo para que revolucionara el pensamiento religioso y filosófico
del continente europeo? ¿Por qué puede ser interesante
ese mensaje para nosotros, aproximadamente 2000 años después
y en un mundo muy diferente?
En una carta a la iglesia
de la ciudad griega de Corinto, Pablo resumió ese mensaje
audazmente. “Me propuse más bien, estando entre ustedes,
no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de éste
crucificado” (1 Corintios 2:2). Hoy eso podría parecer
un cliché religioso o eslogan. ¿Qué hace que
la crucifixión de Cristo tenga que ver con nuestra vida diaria?
Tiene que ver con la parte más importante —la salvación
y el don de la vida eterna.
Pablo anunció a Jesús
de Nazaret como el Salvador del mundo y nuestro Salvador personal.
Él sostuvo que el sufrimiento, la muerte y la resurrección
de Jesús significan que nosotros podemos salvarnos de la
muerte eterna y podemos tener parte para siempre en el reino de
Dios.
En la época de Pablo
ésas eran ideas revolucionarias. Aún lo son. Entonces,
como ahora, sólo unos pocos aceptaron lo que Pablo enseñó
en el nombre de Dios. Sólo unos pocos alcanzaron la inapreciable
oportunidad que se les puso ante ellos. Sólo unos pocos respondieron
al llamado de Dios
La
odisea bíblica
Para proclamar este mensaje maravilloso
en Europa, Pablo arribó a la costa nororiental de Grecia, a Neápolis,
hoy llamado Kavala. Era un puerto de importancia en Macedonia que
servía de entrada para los viajeros a Europa desde el Oriente.
Después
de arribar a Neápolis, Pablo viajó a Filipos, alrededor de 16 kilómetros
al noroeste. Fue en Filipos que predicó por primera vez el evangelio
de Cristo en Europa (Hechos 16:11-40).
Neápolis
y Filipos estaban en la Vía Egnatia. Su trayectoria era del este
hacia el oeste, era un camino principal utilizado por el ejército
romano que recorría toda Grecia desde la península balcánica hacia
la costa del mar adriático. Los viajeros que usaban esta carretera
podrían cruzar el Mar adriático por barco a Brindisi, en la península
italiana. De allí se tomaba la Vía Apia, un camino que llevaba a
Roma.
Después
de enseñar en Filipos, Pablo tomó su camino hacia el oeste a Tesalónica
(Hechos 17:1) Pablo proclamó el evangelio en esa ciudad durante
tres semanas (v. 2-9). Cuando un alboroto se levantó por las enseñanzas
que impartía, Pablo tuvo que salir. Partió hacia el sur, desviándose
del Camino Egnatia y deteniéndose en Berea por un tiempo corto (v.
10-14).
Algunos
estudiosos de la Biblia especulan que Pablo pudo haber pensado ir
atravesando Grecia al Mar Adriático, navegar a Italia y entonces
tomar la Vía Apia hasta llegar a Roma. Pero Pablo no supo entonces
que Dios estaba llevándolo a una ciudad del sur de Grecia, a Corinto
dónde su trabajo iba a ser mucho mayor.
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