¿Cómo pudo Pablo hacer que el mensaje de salvación
pareciera sensato a estos incrédulos? Pablo no empezó su defensa
refiriéndose a la historia judía o citando las Escrituras hebreas.
El Comentario del Expositor de la Biblia señala:
“Él sabía que sería vano referirse a una historia que nadie conocía
o defender el cumplimiento de la profecía que a nadie interesaba
o en citar un libro que nadie había leído o aceptado como autoritario”
(p. 475).
Revelando
al
“Dios desconocido”
Pablo se refirió a algo que el concilio
podría identificar. En la ciudad, había visto un altar con la
inscripción “Al Dios desconocido.” Él usó la inscripción como
una plataforma de lanzamiento para su mensaje. Pablo les dijo,
“¡Ciudadanos atenienses! Observo que
ustedes son sumamente religiosos en todo lo que hacen.”
(Hechos 17:22). “Al pasar y fijarme
en sus lugares sagrados, encontré incluso un altar con esta inscripción:
A UN DIOS DESCONOCIDO. Pues bien, eso que ustedes adoran como
algo desconocido es lo que yo les anuncio” (v. 23).
Como Pablo adicionalmente
explicó el propósito de Dios para la humanidad, se refirió a lo
que sus propias cartas habían dicho. “’Puesto que en él vivimos,
nos movemos y existimos.’ Como algunos de sus propios poetas griegos
han dicho: ‘De él somos descendientes.’” (v. 28).
Este Dios “ahora
manda a todos, en todas partes, que se arrepientan.,” dijo
Pablo al concilio, “Él ha fijado un
día en que juzgará al mundo con justicia, por medio del hombre
que ha designado” (v. 30-31).
La respuesta
de los miembros del concilio era que lo tomaban con un cierto
desinterés o lo ridiculizaban. Lucas nos dice que “Cuando oyeron de la resurrección,
unos se burlaron; pero otros le dijeron: —Queremos que usted nos hable
en otra ocasión sobre este tema” (v. 32).
Sí, algunos
miembros del concilio estaban interesados en oír hablar
de Jesús. Los atenienses amaban discutir sobre la filosofía y
la religión. Lucas señala que “todos los atenienses y los
extranjeros que vivían allí se pasaban el tiempo sin hacer otra
cosa más que escuchar y comentar las últimas novedades”
(v. 21).
Sin embargo,
la verdad de Dios no es algo que sólo se habla. Es algo que ponemos
en práctica. El conocimiento de Cristo demanda acción. Esto incluye
un cambio nuestras vidas.
Unos pocos atenienses
respondieron a la predicación de Pablo. Incluso uno de los miembros
del concilio, Dionisio, estaba deseoso de conocer más acerca del
mensaje de Pablo. Creyó el evangelio, como lo hizo una mujer influyente,
Dámaris, y otros más (v. 34).
Pablo dijo en
el concilio que “esto lo hizo Dios para que
todos lo busquen y, aunque sea a tientas, lo encuentren”
(v. 27).
Pablo predicó
el mismo mensaje de conversión al concilio del pueblo ateniense
tal como podría haberlo hecho a usted o a mí. Les dijo a estos
magistrados que Dios “no está lejos de ninguno
de nosotros” (mismo v.).
Más allá de
éstos, casi nadie hubo respondido al llamado de Dios en esta intelectual
e idólatra gran ciudad. Aunque la pequeña fruta espiritual fue
llevada, no hay ninguna mención extensa de la ciudad en la Escritura.
Cuando el Areópagos no había aprobado el derecho de Pablo para
enseñar, Pablo tenía una opción. Podría esperar en Atenas hasta
que el concilio decidiera sí o no. O podría seguir a otra ciudad
dónde su mensaje podría recibir mayor respuesta.