La Corinto en
lo días de Pablo era una ciudad más prominente que Atenas. Debido
a su situación estratégica entre el continente griego y la península
del Peloponeso, era una próspera ciudad-estado y un centro comercial.
La población de Corinto probablemente estaba en más de 200,000,
o por lo menos 20 veces la de Atenas. Hoy, las dos ciudades han
cambiado sus roles tanto en tamaño y vigor. La Atenas moderna
es una ciudad grande; Corinto es un pueblo pequeño con una población
de aproximadamente 20,000.
El Corinto antiguo
se construyó en el lado norte de su Acrópolis, que se eleva a
casi 610 metros. La colina fue hogar de un templo de Afrodita,
que estaba al pie en el punto más alto de la Acrópolis. En la
época de esplendor del templo tenía mil sacerdotisas de Afrodita
que eran prostitutas sagradas. Por la tarde esas prostitutas se
dirigían a las calles de la ciudad.
El Corintio
antiguo era conocido como la Ciudad del Pecado de Grecia. Los
griegos tenían una expresión, “jugar al corintio.” Se refería
a las personas que vivían una vida de libertinaje. Este estilo
de vida lleno de placer y desenfreno asoló a muchos de los creyentes
corintios aún después de la conversión. Ellos se esforzaban en
dejar atrás su vida inmoral. Debido a sus problemas espirituales,
Pablo tuvo que escribir una fuerte carta correctiva a los corintios
unos años después de su visita.
Las palabras
de Pablo tocaban el punto: “Ni los fornicarios, ni los
idólatras, ni los adúlteros, ni los sodomitas, ni los pervertidos
sexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni
los calumniadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios.
Y eso eran algunos de ustedes” (1 Corintios 6:9-11,
énfasis nuestro).